domingo, 19 de mayo de 2013

la lluvia

La lluvia es magnífica porque sí. Aún la lluvia ácida que se da en algunas ciudades  superpobladas, esa que al caer agujerea la tela impermeable y leve de los paraguas. Esa que si cae sobre la piel produce ampollas de colores. Aun esa lluvia es magnífica porque elimina lo que de impuro tiene el aire, lo limpia, cuaja la mugre y la precipita. Y cuando estás cerca de esa purificación también se purifican los pulmones y con los pulmones, como todos saben, se inicia la purificación del alma.



el planteo de Pérez

"Cuando las piezas de un tablero comienzan a mostrar lo que hay, se despeña un proceso de selección; el tablero-escenario funciona como un colador que puede hacer desaparecer de inmediato los elementos que se muestran inconsistentes y fijar en su escena los elementos que empoderan la sustancia, de eso se trata todo esto" dijo Pérez en uno de sus raptos de lucidez, que transcurrían entre porro y porro. Las palabras, aún hoy, a tantos años de ser pronunciadas, vuelven a mi cabeza y, repetidas una a una, no dejan de tener plena razón. Podría resumirse en: "las cosas caen por su propio peso", pero es mucho más interesante el planteo de Pérez. 

puro amor torrencial arrecia

y esto es puro amor torrencial y arrecia
y es puro
y es amor
y es torrencial
y arrecia

y como el tiempo
y como las rachas
y como la lluvia
infla las velas para que el derrotero se haga veloz  / se pierda bajo la altura de las olas, se pierda bajo la altura de los árboles de la selva, en esa humedad de mar y en esa humedad de hojas, se pierda al fin y arme sus rondas cristalinas / de gotas que salpican / de gotas que prendidas en las puntas de lo verde se quedan hasta morir como si fueran parte de estos esqueletos blandos / de estos esqueletos blandos / de estos esqueletos blandos 
y mueven todo el mar
y mueven toda la selva

y es puro          el amor            por la blandura
y es torrencial el amor por la capacidad furiosa de fulgurar en el aire por un instante a toda velocidad en un trazo recto y clavársenos en los cuerpos
y arrecia el amor y deja en la arena roja su marca / la de los picos de todos los pájaros que se han roto el cuello incrustados ahí

las historias del amor

y esto es un discurso, sí / es un discurso como no es el amor / es un discurso hecho con las prendas desnudas del cuerpo / con las cuerdas que se estiran que se tensan y que vibran que no música pero algo tan parecido / con el volumen fibroso de la pulpa de las frutas de las tunas / con el brillo azaroso que se recuesta y rebota y se dobla y se vuelve enceguecido para ver a los amantes

las historias del amor

pero el amor de los cuerpos tiene sus descansos / sus dormideras / sus despertares / sus modorras y es ahí en ese lugar donde podemos ver y tocar el árbol de la vida y el árbol de la sabiduría y el árbol de las frutas que imitan las texturas y las consistencias y se desangran / entonces / entonces los cuerpos adquieren una liviandad y una alegría
se vuelven leves / dejan de existir en el mundo material de los objetos pesados:
sí que vamos /
tropical ambiente / de paso liviano /
ligero y aéreo / sí que vamos / de palmera erguida / hierba aérea y brava / distracción pelada / de agua cristalina / sí que vamos / de la roca fresca / del salto en el aire / de la luz y el agua / sí que vamos / no hay la mugre y… / nadie nos delata / somos parte verde / bosques que se cierran / tapan nuestros pasos / borran la memoria / sí que vamos / para desnudarnos / en las hojas hondas / donde muelle y muelle / y muelle y muelle / y muelle y muelle / sí que vamos /

y en otros capítulos azules, marrones, púrpuras, naranjas, verdeagua / los colores ascienden en las redes
breves y dulces como una armónica /
como una aparición / como la sombra de un caballo que ascendiera en sueños / salen de un mar que golpea la roca / un beso en cada gota / de esas que se quedan en el aire / y brillan una eternidad / breve / sí / brevísima / la eternidad del agua que cae desde la alta roca / con su rumor / con sus peces / con sus redes / otra vez las redes que te atrapan / y se elevan en el aire y se dejan estar en el ensueño

pura música

quién dice que la música no es puro amor / en su quietud anodina y anestesiada / en su movimiento siempre cíclico como el del sexo / en sus bamboleos / en su furioso crepitar como de leña astillada / furiosa la música o queda / pero siempre sucumbe en los desprendimientos / en la trágica riada que arrastra incluso y a veces hasta los gritos /

y las cosas terminan de la misma manera como comienzan / la marca inicial / la que se ve con luces especiales / desde la luminosidad de una escama / esa transparencia que recorre la materias terrosas / las materias acuáticas / las materias aéreas y esa intangibilidad que es la pura realidad del fuego y en todas se adormece contenida, y en todas se agita desatada

las cosas en su fin son como en el comienzo

puro amor torrencial arrecia / con sus tormentas / con sus vientos / con sus vendavales / con sus brisas / con sus noches estrelladas / o llenas de nubes panzonas o estiradas / con sus briznas y lloviznas y es puro y es amor y es torrencial y arrecia y es puro y es amor y es torrencial y arrecia
puro
amor
torrencial
arrecia

ahora quiero que cierres los ojos


ahora quiero que cierres los ojos, que el silencio del campo y la noche, vengan a tu piel y la recorran, y que te acuerdes de la manta roja; acuérdate de las frutas, había un tórrido sol lleno de polvo, y la mordida común en la pulpa, esponjas colgadas de su ramas, después de una lluvia placentera, que es una y nuestra esa resina dulce, debieras recordarlo; acuérdate del viaje, el trasiego, el ómnibus, la mirada, sumergida en los sueños, el animal del aire y el animal de la noche, buscándose a tientas en el agua tibia; y acuérdate del hotel en penumbras, de las paredes rojas, de las calles ambarinas, enfermizas, y la búsqueda afanosa en el miedo; acuérdate de la llave hurtada y de los pasos en la montaña, el aleteo y las patas que acechan, sigilosa boca abierta, los pasos que van de a uno y lentos, como caen los árboles; acuérdate, alguna vez los vimos; acuérdate del tajamar y el casco de la estancia, el ykuá en el bajo de la selva y acuérdate que hay una canción, y otra, y aún otra, que nos envuelve como en el centro del huracán que se eleva y desarma; pero ¿por qué no acordarse también del primer abrazo y del último?; ahora quiero que abras los ojos, que me veas profundo, en el fondo del iris, que veas cómo tu cuerpo se cae adentro mío, y que me beses así, de ojos abiertos, con campanas flotando en sus vidrios rompiendo, que comienza violento en el golpe, del badajo azotando, las paredes metálicas, sueltas, que ilumina la tarde y presenta, una lluvia cerrada de flechas, volando curvilíneas, con un silbido opaco, que canta; y quiero que me beses, los ojos bien abiertos, mirarte, al fondo de los ojos y verme, cayendo dentro tuyo en la tarde, con flechas y animales y música y arrullos que en el aire descansan

sábado, 16 de julio de 2011

la superficie rota

es inadecuado
la muerte propia no tiene descripción
la gente que lee sobre la muerte
quiere aprehender en imágenes lo que nadie puede ver hasta que llega
quiere tener en sus manos bien agarrado al muñeco que ya no existe, el muerto o el que está en ese proceso en este mismo momento, alguien que le cuente exactamente de qué se trata
quiere saber que el pecho se le resquebraja
la gente que quiere leer sobre la muerte
imagina que cientos de animales golpean con sus cabezas y atormentan con sus hocicos la cáscara dura del pecho, buscan una salida, que una bandada incrusta sus picos entre las costillas y desprenden el esternón. que un reptil se arrastra a ambos lados de la columna y al fin aprieta entre sus dientes la nuca, la base delcráneo
deslizar subcutáneo
todo bajo la piel
la gente que intenta leer sobre la muerte
la muerte ocurre bajo la piel. dentro del cuerpo. la muerte ocurre dentro del cuerpo. de adentro hacia afuera. La muerte tiene una dirección. te persigue siempre en un mismo sentido. lacera. humecta. roe. escama. paraliza. pica. Rasga
la muerte propia no difiere cuando ajena
toma entre sus dedos cada hueso
y lo parte una y otra vez. se introduce en cada arteria y con su filosa aleta dorsal corta abre un solo surco. produce temblores, sacudones, choca contra los órganos blandos, los ulcera, los bebe, los macera, los seca, los desgrana… la muerte paraliza y se nutre de esa quietud y se abre paso y es un nadador subacuático sediento de aire y se abre paso y busca la luz que lo enceguezca para romper la superficie

miércoles, 13 de julio de 2011

la cruz y el cordero en el mapa

que comienza a enharinar la masa de luz que ha fabricado, y la dejará leudando al calor de la media mañana; que ya amasó, suficientemente, la luz de la que se fue haciendo a sí mismo, como un dios que estuviera de balde todo ese tiempo sin más tarea que solazarse frente al espejo;

que los pájaros, que se refugian de la inclemencia luminosa, escondiéndose, bajo las ramas más pobladas de hojas, lo anuncien, como siempre, con ese plato enlozado, ordinario, de una vez por todas, que es el gorjeo matinal de los gorriones, cayendo sobre los techos sin ningún orden;

que se dibuja, tal como sucede en esos viejos mapas que servían para buscar tesoros que nadie jamás encontraba; una Cruz, un símbolo duradero, más duradero aún cuando sobre ella aparece —como recién hecho— un cordero, teñido de sangre;

que podría decirse que se trata de un cordero encarnado, eso que vemos,

y aún así no sería exacto, digamos entonces, y al fin, que se trata de un cordero, simplemente rojo-bermellón-colorado, algo así, de fábula;

que esa Cruz indica el punto de partida, porque el viaje que nos llevará, y este es el momento, y no das flores;

que de la sustancia de la luz de la mañana se fue hinchando su propia panza traslúcida hasta hacerse barriga abominable

ya sabes

las cosas que son, tienen siempre un inicio: dan flores;

un nacimiento, un punto de partida, un corporizarse, una clave de sol, una cierta magia, una costura, un añarakó[1]; sí, un canal

las cosas que son, tienen siempre un inicio: dan flores;

son engendradas, quitadas de una galera, caídas de la manga,

son

un deslizarse desde un adentro a otro adentro, y así, sucesivamente, hasta el mar último último primero[2];

no sé en qué adentro estamos ahora,

pero los puntos cardinales aquí son sólo tres, el Sur y el Norte. Se divisan además un Atrás y un Adelante, ¿adónde iré?

¿adónde ir con tanta luz; sin flores?;

no estás sentado en el mangal y no das flores

no marca el reloj las cinco y treinta de la mañana y no das flores

ya todo hace más de una hora y no das flores


[1] Añarako (Añarakó): Literalmente “la concha del diablo” o, si atendemos a la locución: “la concha de la diabla”.

[2] Último último primero: Referencia que remite a la religiosidad mbyá guaraní y sobre todo a la traducción al español hecha por León Cadogan, antropólogo paraguayo.

viernes, 2 de julio de 2010

la superficie rota

es inadecuado. la muerte propia no tiene descripción pero cualquiera sea el imperativo que te obligue, debes dejar sentado algunas sensaciones. la gente que lee sobre la muerte quiere eso: ver en imágenes lo que nadie puede ver hasta que llega, quiere tener en sus manos bien agarrado al macaco que ya no existe, que murió o está en ese proceso en este mismo momento y que le cuenta exactamente de qué se trata, quiere saber que el pecho se le resquebraja, la gente que quiere leer sobre la muerte es así, porque cientos de animales golpean con sus cabezas, atormentan con sus hocicos la cáscara dura del pecho buscando una salida, porque una bandada incrusta sus picos entre las costillas y desprenden el esternón. porque un reptil se arrastra ubicando sus patas a ambos lados de la columna partiendo desde la cintura hasta poder apretar entre sus dientes la nuca, deslizar subcutáneo, todo bajo la piel. la muerte ocurre bajo la piel. todo dentro del cuerpo. la muerte ocurre dentro del cuerpo. la muerte ocurre desde dentro hacia afuera. tiene una dirección. la muerte te persigue siempre en un mismo sentido. lacera. humecta. roe. escama. paraliza. pica. rasga. la muerte propia no difiere cuando ajena. toma entre sus dedos cada hueso y lo parte una y otra vez. se introduce en cada arteria y como si tuviera una filosa aleta dorsal corta longitudinal, abre un solo surco. produce temblores, sacudones, choca contra los órganos blandos, los ulcera, los bebe, los seca. la muerte paraliza y se nutre de esa parálisis. se abre paso. es un nadador subacuático sediento de aire, se abre paso a través de las corrientes busca la luz que lo enceguezca para romper la superficie y tomarlo todo para sí

sábado, 19 de junio de 2010

la muerte propia

a las 10:38, unos 15 minutos después de haber muerto, ella aún sentía como fluía la sangre en muchos de los rincones de su cuerpo. no sabía muy bien que estaba pasando, qué está pasando en este momento en el que las células comienzan a a apagarse. pero la parte fisiológica no le parecía algo demasiado importante. ella esperaba por lo otro. quería saber qué cosas vendrían luego. hacia dónde derivaría el hecho de su propia muerte. ella es alicia y sabe perfectamente que ha muerto y espera los sucesos, está ansiosa por esa cosa que ella imagina como un desencadenamiento, un arrebato incontenible, una especie de avalancha, de piedra suelta en la ladera. alicia imagina que no debe de haber espectáculo más impresionante. esa ansiedad no es de ahora, la persiguió toda la vida. en el pasado, incluso cuando era una mujer joven, muy joven, imaginaba que los acontecimientos de la muerte abrirían un espacio en el cual las letras de una frase y otra frase y otra frase caerían formando nuevas palabras y nuevas frases en cada uno de los rebotes de esa caída. alicia no tuvo marido pero tenía un amigo que se escandalizaba al enterarse de esos pensamientos, le decía, a quién se le ocurre estar especulando acerca de la propia muerte. frases nuevas con las mismas letras de siempre, con la sonoridad de los mismísimos fonemas, ¿qué clase de muerte es esa? --en ese momento no necesitaré a nadie a mi lado --solía decir alicia, y completaba rematando con: --de eso estoy segura. a las 10:41, alicia pudo observar con toda claridad un animal que volaba no muy lejos de ella aunque lo sabía lejano y también sabía que nunca llegaría a posarse en el dorso de su mano, luego observó detenidamente las hojas en tumulto de dos arbustos que crecían a ambos lados de su cuerpo. clases de vuelo darle al vivo y al muerto en su lomo con golpes de lluvia que adormecen casi todo el terreno le dejan pintas rojas lo vuelven vaporoso se extrañan los graznidos no vuelvas no vuelvas. a las 10:57 el mundo ya no es mundo. hay dos caballos quietos en el silencio de una tarde invernal y sin mediar sonido se agitan y corren uno hacia el horizonte otro hacia ella y sube sobre sus hombros y la desprende del suelo y la agita en el aire como una fiera que la tuviera entre sus fauces y la golpea en los látigos del aire.

jueves, 17 de junio de 2010

una trampa es una trampa

no hay manera de que las palomas escapen de esta trampa. se trata de un aparato de alambre, fabricado por las manos de mi abuelo, que se levanta del piso en forma convexa y es implacable con ellas. la malla o el tejido "o como mierda se llame" es de dibujo exagonal, pequeño, cerrado quizá sea el adjetivo que mejor describe la densidad del dibujo. las aberturas por las cuales ingenuamente las palomas ingresan a la trampa son redondas. la trampa tiene tres o cuatro de estas entradas en lo que podría decirse son sus costados. el secreto para que los pobres bichos no puedan salir, una vez que han entrado graciosamente a la jaula, está en una especie de mangas de alambre que desde los círculos de cada una de las aberturas de entrada se extienden hacia el interior, afinándose, haciéndose más y más estrechas a medida que avanzan hacia el centro del tramposo espacio. pero los bichos son bichos, no calculan, su instinto no está preparado para razonar las posibilidades que le esperan una vez dentro de ese círculo (no lo dije la jaula es circular) donde abundan los granos de maíz que las atraen. el hombre que ha puesto allí el aparejo sí ha razonado, calculado las posibilidades, previsto las formas. primero hizo un dibujo sobre un papel amarronado en el que había traído del mercado, envueltos, unos bollos rellenos de dulce de leche. luego buscó los materiales, los dispuso cerca del lugar de trabajo elegido y con una pinza común y una tenaza no muy grande inició la tarea. construyó un aro de alambre grueso, bastante pesado y rígido, la base de la jaula. después unió los trozos de tejido alambrado de dibujo exagonal formando una especie de iglú pero de alambre. Construyó aros más pequeños, para montar las entradas, también con alambre grueso y rígido les fabricó las mangas dejando asomar una sonrisa mientras las hacía finitas en la parte interior. Cuidó bien de hacerle unos flecos de alambre pinchudo por si los bichos intentaban acertar el pequeño agujero para salirse, aunque esa acción resultara improbable. pensó: debo cuidar todos los detalles. pensó: un buen guiso de palomas resulta sabroso. pensó: los tomates están madurando, las zanahorias ya deben estar en tamaño justo, los morrones se están poniendo bien rojos... pensó: un buen guiso de palomas es muy sabroso. midió los círculos de las aberturas y cortó el alambre de la estructura principal para montarlas. anudó cada hilo con cuidado y cuando estuvo lista la dejó en un rincón del galpón hasta el día siguiente. una trampa inútil en la noche: inútil e inservible. ahora ya no es la noche y la trampa está en su lugar, junto a los galpones de la arrocera. el hombre, mi abuelo, ha puesto suficiente maíz en el interior de la jaula como para alimentar a una gran bandada de palomas. los granos naranjas con sus destellos parecen ser parte de un coro de arrogantes adolescentes. las palomas entran y el mecanismo comienza a funcionar. al terminar sus horas de trabajo matutino, el hombre va hasta la pileta, con la camisa arremangada hunde los brazos en el agua que usa para lavar las verduras, se higieniza, luego busca una bolsa de tejido rústico y camina con tranquilidad hasta la trampa. abre la puerta rectangular que está ubicada en la parte superior, mete la mano y va atrapando, entre el aleteo y las plumas a cada uno de los bichos. los coloca en la bolsa que mantiene cerrada con la otra mano. terminada la tarea y con la bolsa llena va hacia el galpón, ata la boca de la bolsa con un hilo y se marcha hacia la casa. la muerte vendrá después, más tarde, a quedarse en el cuerpo de cada pájaro. una trampa es una trampa.

miércoles, 24 de febrero de 2010

ÉPICA DEL INFIERNO Y LOS ROEDORES - tercera parte

27

opacidad volúmenes y cuerpos — sin definición — no es posible una descripción detallada más allá del ahogado gruñido —la velada imagen de un mundo cuya fuerza es la desesperación del presentimiento — no hay lo abandonado — no hay lo perseguido — tránsito absoluto inevitable como las plumas que le crecen en el cuerpo a las aves o la inmodulada voz de un grito animal — una guía en medio de aquella manada



28

manada y jauría tendrán que encontrarse en el ida y vuelta de la superficie al centro, del centro a la superficie — estampidas en ambas direcciones — el miedo que ocupa todos los cajones y se desbarranca — el miedo que los ata y empuja — nadie muere pero no se puede afirmar que alguien esté vivo en estas profundidades


29

un vaho, un hálito cristaliza las paredes de barro — espejos de una realidad que no puede verse — el reflejo que está en el más allá permite ahora percibir el modo galopar del devenir — toboganes de cristal untados de una materia oleosa —


30

asomar la cabeza en la superficie, en la boca barrosa del otro mundo, posee un color inexpugnable — todo lo que había sido erigido reposa en los subsuelos — no se ha derrumbado — la ciénaga abrió su bocaza — de la dañina luz enturbiadora brotó el hálito de cristal y fundó un gran espejo negro — deambulan ciegos los antiguos custodios — sus fauces ahora sin dientes — ya no los necesitan — ningún alimento


31

ni aguas ni espacio aéreo — no más la superficie — no más la profundidad — no más el alto cielo — el temor y sólo el temor vive en el temor que se ha hecho temor y más temor, cada vez más temor — sin exclamaciones — la simple mudez de todas las cosas vivas e inertes — recluidos para siempre los sonidos que impregnaban la opacidad en cada pared y los liberaban luego en las profundísimas madrugadas para asombro de guardianes y desprevenidos — recluidos para siempre —


32

se podría decir que sólo abajo — más abajo — muy abajo hay algún indicio — aunque no hay jadeos ni resplandores — sólo espejos negros de una materia confusa y dura — empellones — extremidades callosas que se hunden en la propia carne y manchan — viscosidades — y el sordo temblor de los canales oscuros — estallido


33

roedores con escamas quiebran — no podría definirse especie alguna en el agresivo fulgor de sus presencias — maravilla de las profundidades — del centro del centro — hechos y contrahechos en un mismo cuerpo — uno y miles en la oscuridad y sin embargo la furia de sus dientes claramente dibujada en fuegos de colores sobre los retazos afilados de los quebrados espejos — la irrupción — el quebraderal — cristales y fuego y escamas y barro y sangre y reflejos y el animal uno y vario que se abalanza — los buscadores se funden en una sola masa con las paredes de los túneles — parece entablarse la vieja lucha entre quietud y movimiento


34

forman capas sobre el barro — las fauces despedazan — no puede saberse si es una o multitud — al menos no así tejidos de manera tan convencional — hay dos formas inevitables de dibujar las puertas : escape y fuga — las crestas erizadas — un vaso de agua en este mismo momento puede ser un tobogán al cielo o al infierno — la música de un casco de naranja inútiles mapas para el monte cerrado : de una linterna, imprecisa luz — encontrarla — ay, encontrarla — radiante, allende los troncos y espinas — la fruta en el momento de ser calada por un cuchillo cuyo filo oxidado constituye una parodia sin escenario posible — y arrancan la piel y la ponen en las tapas del libro de la vida — la forma o el puro olfato — la vieja historia de acoplar instintos — y se los traga la oscuridad — y reposa sobre las sábanas una vibración


35

una composición musical que en sí esconde de los extremos — la flor que cae y la que se abre — un cielo que no se puede sacudir del sólo estar en silencio — y sin embargo a punto de saltar sobre sus víctimas — la calle ha sido trazada bajo la sombra de una versión anterior — escalera que no posee puntos de apoyo — hierbas en el mortero — la savia que surge en el vientre de madera — la sangre que se queda en el cuerpo — nada puede decirse sobre un mundo que no les pertenece


36

la máquina no es infalible — su torpeza es de un color agrio — pestilencia tiene el instante — su esencia está en las dentelladas — las fauces se cruzan unas sobre otras en una sola nota, altísima, chirriante, en el grito de quienes salen del barro y al barro vuelven — los roedores regresan — los ciegos con sus escamas — y su escarbar hacia el centro cesa — la ausencia todo lo cubre — el silencio le tapa cada uno de los sentidos — diente con diente — garra con garra — las esporas sí, la expansión


37

y en el hueco donde se seca la sangre, el derrumbe de lo excavado — y en la superficie no más que una gelatina sin límite — la que se agita leve aún es atraída por otro astro de mayor poder —

ÉPICA DEL INFIERNO Y LOS ROEDORES - segunda parte

19

no se han tejido lazos — una comprensible madeja de nudos en su peculiar manera de cerrarse o aún un dejarse estar en sus sitios asusta — la forma que encuentran de desdibujar puertas — como círculos concéntricos sobre un mar de ojos cerrados — de crestas y toboganes — con velocidad conciben y paren : aumentan el tamaño de su propio ejército de cuerpos escamosos — los más pequeños asoman sus garras chiquitas — las cerdas de su piel tan parecidas al galopar que se agiganta y brota desde el fondo — animales extraños los unos y los otros — sierpes que lo mueven todo


20

buscan la incierta luz — ay, cómo buscar la fronda que habla — la fronda que no hay y plagada de voces — hay los ciegos — los pusilánimes que se han quedado sin infierno y sin futuro enterrados en la incierta luz — en la niebla venenosa — y la niebla abrasa los cuerpos de peltre que buscan la sordina de las voces — espléndidas se les aparecen y se borran en el mismo momento — flashes del miedo y calzan las botas de andar en silencio cayendo de un recipiente a otro y así sucesivamente — una sabana de mojones color peltre la mierda de los guardianes come troncos — de un recipiente a otro sin fricción alguna — sólo el fluir intermitente en el aire envenenado — el líquido que son se va enfriando más allá del límite de lo posible — el fluir se torna azul


21

la vieja historia de acoplar instintos — ¿acaso es para extrañarse? — los simplísimos movimientos no quedan dibujados en ningún papel — ese es el secreto de lo perenne —¿cómo aplicar los secretos principios de la física donde caer es levantarse? — estos roedores que vienen no poseen el sentido de la vista — perciben las formas más allá de cualquier sonido que puedan emitir — puro olfato — puro oído — las mandíbulas ya sienten el ruidoso llamado de los huesos que yacen bajo las escamas — son una luz que muerde y en su galope los cuatro vientos sin reposo les dan ese hálito ese deseo imparable de matar


22

en el centro exacto el planeta no gira — es un punto inmóvil — pero la luz es inhabitable y sabe amar cuando llega la hora y calienta y seca y derrite — la misma historia en el centro de todas las cosas — ígnea presencia — y nadie se pregunta de dónde viene la vibración — sólo las huestes que aumentan — las esporas que brotan y alimentan — una composición musical que en sí misma esconde los extremos


23

y sin embargo hay un cielo que cada quien puede sacudir con sus propias manos — una sábana mortuoria — una mortaja simple como el silencio — un momento que queda encerrado en las imágenes de un pedazo de barro que nace y otro que comienza a abrirse cayendo al lodo — un diálogo permanente de balcón a balcón todos y cada uno sin baranda — todos saltando sobre el sueño de la salvación en el que fabrican seres que aún no nacen


24

en el más allá del redoble de patas en estampida — más allá del fondo duro que continúa avanzando con los arañazos de la turba — in crescendo el sonoro ataque — se bifurca por primera vez — comienza a conformarse la estructura de racimo propia de hormigas y roedores — uvas amargas lo pueblan — están ahora trazadas las arterias de un nuevo mundo que no quiere detenerse — en cada uno de los topes — en el fondo de cada calle, la estampida también se multiplica — es un ejército que ahora deja oír sus chillidos — ya lo dijimos : como agujas de hielo lanzadas a una velocidad inaudita — la oscuridad se mantiene — pero la sombra ya no es amparo y el silencio ha rodado por las escaleras


25

aún hay sangre en esas masas informes que se autoalimentan — los buscadores de amparo en las tinieblas no poseen herramientas ni armas — solo su voluntad de ir — con golpes secos — la esperanza y el miedo son una sola masa — intentar comprender es definitivamente vano — aunque en la oscuridad, igualmente se proyectan sombras sobre las paredes de los apretados túneles — ahora se asemejan peligrosamente a gallinas espantadas ante la presencia de una gran familia de comadrejas — el pequeño infierno terroso — mordeduras que comienzan a ser recordadas antes de ser recibidas — las sombras comprenden que es la sangre lo que buscan los desconocidos animales — construyen túneles falsos y allí entran en grupos pequeños a hundir sus propios dedos en los cuerpos — se ayudan unos a otros a derramar su propia sangre y luego tapian los túneles — pero advierten que nada detiene a los que vienen en su busca


26

gruñidos y aleteos sin figura — nada pueden decir sobre un mundo que no les pertenece — todo lo animal no es puro instinto — hay una secuencia — un acercarse a las funciones primordiales — nadie les pide que corran pero la fatalidad les señala el sitio donde deberán caer extenuados —

ÉPICA DEL INFIERNO Y LOS ROEDORES - primera parte

1

pasadizo y bajo tierra están sin otra misión — aquellas flechas no vagan por el aire con su temblor de segura muerte — quietas ahora sobre la tierra que es el arriba o de pie en las paredes arrinconadas de los pasadizos — esperan al amo — quien blandiendo su espina suelte toda la furia — no me crean — todo esto es una vulgar mentira — los aires no hay aquí para nadie — en otro momento quizás — pero no ahora — cavernoso este sitio se las ingenia para aplastar toda intención de furia — yacen en racimos — las manos fláccidas a un lado y otro del cuerpo — no tiemblan ni se tensan — se dejan estar en una blandura malsana y opiácea — las voces de los primeros tiempos continúan rebotando sin fuerza en los corredores — hay barro y roedores que acaban de ser descubiertos — válgame dios si éste no es el infierno — alejada toda voluntad de crucifixión — invadidos los cuerpos por costras vivas que les dan sin paradoja alguna una capacidad de acción que jamás soñaron


2

escarban en la tierra helada — una potencia que desconocen mueve sus brazos — animales sin linaje buscando la salvación más abajo — las miradas incrustadas en la nada oscura que les presenta su propia acción salvaje — hienden — bajo la piel del rostro no se percibe alma ninguna — el cristal de sus ojos es impermeable a todo gesto — cada tanto alguno lleva a la boca un puñado de tierra — la sal y el agua que esconde esa masa que separan para llegar al fondo es una atracción prácticamente irresistible — van transformándose a medida que se entierran en los huecos que abren — enfrentarse a la oscuridad es un desafío más leve que lo real de esa luz mezquina que abandonan — luz al fin — sierpes — perderse es encontrarse en esta ciénaga cubierta de nieve a veces — de vegetación informe — el lodazal es la puerta de entrada — y sus corazones vibran ante la latente posibilidad de alejarse para siempre de lo más temido — una superficie hostil — una cavernosa posibilidad de encontrar el fuego — deberán atravesar ríos de corrientes más feroces que un hambriento enjambre de agujas de hielo


3

qué clases de engendros irán a su encuentro —


4

sueltan las esporas de los hongos — único alimento — en sus propios cuerpos costrosos de oscuridad nacen y es la noche


5

sólo los guardianes que en las bocas de entrada han quedado — los hombres y mujeres más feroces — sólo ellos se permiten la mezquina luz de la superficie — están armados con maquinarias habladoras — convincentes — ni musarañas — ni ratones — ni ratas — ni castores — ni marmotas — ni topos — ni liebres — ni conejos — ni comadrejas: mykuré kuéra — ningún roedor debe pasar las máquinas — sus cuerpos son molidos y consumidos por la voracidad de los guardias — los vagabundos del infierno de la luz mueren cerca de las bocas de entrada — sus miradas perplejas ante la imposibilidad — vencidos de antemano


6

arriba: niebla — abajo: hongos —


7

toda descripción es corroída de inmediato — deberías estar aquí para saber cómo es el mundo nuevo — el hombre ahora es definitivamente mediocre — la imaginación una máquina carcomida por la herrumbre — hollywood: qué extraña suena la palabra acción en la hundida opacidad del nuevo mundo — no hay quien escriba la imposible historia del imposible no lugar —


8

me traiciona lo que fuera — el yo narrador de nada no tiene ángulo — no hay posibilidad de constituirse en narrador sino desde la primera persona que es último engendro de una catástrofe para la cual aún existe la esperanza de caer un poco más —


9

magnetismos de otra índole ocupan el escaso espacio —


10

no hay lluvia posible sino barro en los pies — gangrena en ciernes —


11

ninguna posibilidad de carpintería — madriguera —


12

no hay diáspora sino aglomeración — lo profundo siempre puede ser más profundo — los detritos son devorados con la misma ansiedad con que las flores en la prehistoria se convertían en frutas jugosas —


13

huir de la niebla — de la nieve — de la tenue luz del arriba — volver al fuego — a sus entrañas: una obsesión sin palabras — el silencio rodea los deseos más profundos y los va moldeando — roen la tierra y son, créanme, mazacotes de una sustancia que ya no puede ser nombrada como carne y hueso — parecen máquinas de un metal similar a la arcilla — no puede haber colores —


14

ya no respiran más que barro — se hunden — se salvan


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son su propio alimento y cada parte que les crece es devorada — las esporas han aprendido y conservan en su memoria una historia de amor tan vil y baja que podría compararse con la profundidad mutante en la que se mueven como reptiles — las extremidades son ahora sofisticadas excavadoras que también tienen movimientos nuevos — se hunden con facilidad aún en las napas más pétreas — el agua en estos casos es una molestia — impedimentos fortuitos que han aprendido a sortear con soltura de saltos equinos


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en la superficie estrías fabulosas dictan sus textos mostrando la esencia: el mismo hueco de nada que da sentido al vaso y cada canal se llena de inmediato de la materia que le fue dada en el inicio — la transformación es también de los guardianes — agotada la famélica carne de los vivos que merodeaban ciegos en torno a las bocas del infierno han aprendido a hacer de la nieve y de la misma niebla venenosa su manjar predilecto — Las secas ramas de los vegetales que se mantuvieron en pie les sirven — yerma es la tierra que ahora rodea las bocas barrosas y sanguinolentas — la furia les ha crecido — de la mirada y las manos ha pasado a ocuparles las partes más recónditas del cuerpo — no son salvajes en el estricto sentido del término sino bolas de un fuego maligno y obtuso —


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en los hilos que no se ven — que los mueven — se esconden brevísimas las sierpes de los secretos que inventan el cómo a cada empellón — no — no son pasos sino topetazos los movimientos de la nueva orientación — y no se dejan ver sino a través de las advertencias que sus cuerpos sin más nombre que el barro emiten en la plenitud de lo oscuro — todo lo simplifican — no trazan mapas — el futuro está más abajo y los invisibles hilos los mueven


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el tremor de un galope apretujado — tembladeral es la tierra y tienen ahora, estos subterráneos, sordos ruidos — el sonido rompe la música esponjosa de los empellones — esa armonía — se forma una barrera — hay que luchar por el espacio

lunes, 7 de diciembre de 2009

frente al sol

darle la vuelta a las palabras a las flores a la ropa a la comida en el plato sacudir las sábanas frente al sol que el polvo se vuelva sólido que el agua se estanque se evapore y no haya nubes sino densidad aérea no lo pienses

shine in the farmer (siembras)

después de cortar los frutos y meterlos en la olla, las manos grandes destraban las semillas de su nido hasta entonces oscuro - la multiplicación de los panes - el milagro de la tierra húmeda - un rayo que busca la luz - y el nacimiento, que es tan simple como la concepción - después de observar las primeras hojas las manos grandes las rozan - y con una herramienta hecha con la mitad longitudinal de una tacuara, comienza el trasplante - la siembra se proyecta - devenir de frutos

miércoles, 2 de diciembre de 2009

arabimia tierra terracota

(un fragmento inicial sin barcos ni bicicletas)

ahora viene de cuerpo entero / una rampa para saltar al vacío donde el cuerpo se vuelca y no termina de caer nunca un impacto de frente / desmesurado perro que va contra la pared y se da de bruces sin aminorar la marcha sin evitar el impacto que es de piedras blancas y se ejercita y se convierte en dientes hocicos y trompas en el suspenso de la luz / y los deseos de la fruta en las manos vacías / y los deseos de la fruta en las manos llenas / y los cinco dedos de tu mano que aprietan el viento y me lo traen hasta el plato en el que como

un lobo solo

un lobo solo que ruge

un lobo solo que ruge y descansa

es de agua la noche entera y los pájaros salen de los úteros del sueño, innumerable el vuelo / son nuestros también esos cuerpos y en las columnas, sobre los reflectores, todas las gaviotas son la misma figura desprendida con las mismas tijeras y una ola cubre la isla que tenemos frente a nuestros ojos

los cinco dedos de tu mano me traen el aire apretado y lo sueltan en mi boca / planear es nuestro / planear es de la piedra y del cuerpo del agua / planear debajo de la piedra / planear en situación de instrumento en tanto música y los bosques como elementos en ebullición de una tabla desconocida en la que escribimos la historia de la humanidad con un pedazo de madera liso y afilado

viernes, 6 de noviembre de 2009

acrobacias infantiles

¿y si no te resistieras,
y si el salto fuera
un solo
maravillarse del aire,
desnudos los pies,
desnudas las manos

¿siempre hay un vaso cuando el agua,
siempre el cuenco de las manos,
siempre la boca?

dibujos
en el aire
el agua ---
los pies ---
las manos ---
la boca ---

¿cuál atardecer es el que te ensombrece
cuál luna que ver no quieres,
la que no mira de frente,
acomplejada luna
pudorosa luna
que se viste
de arco
iris

Alice debería ser tu nombre
de un tornasol
no permitido
sino en algunas noches
sino en algunas lluvias

y si de todas formas el salto
allí, estantes
con pedacitos de carne
dedicados a una tía

y si de todas formas el salto
no acantilado
no !plaf¨! en el final
no final, solo
puro salto
una conferencia interminable
de estantes con objetos
que parlamentan:
un cuchillo grande y filoso

sí, había cuchillos
de carne y hueso
cuando niños:
el del mango cilíndrico hecho de arandelas de piedra
de colores alternados, colores de piedra
diecisiete veces vio
el alma del que veía que se iba muriendo

sí, había zarcillos secos
en el patio húmedo de los inviernos;
decir quebradizos, duros y frágiles
es decir zarcillos

lo sé: preguntarás si el salto es salto
o ingravidez
y se me caerá una lágrima
!cómo responder!

y si el salto fuera:
si ahora tengo cinco años
y el agua se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero la piedra: oh, piedra

y si el salto fuera:
el flotador se va de cabeza
y el agua se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero la mano: oh, mano

y si el salto fuera:
el cable que aprieta con sus dedos invisibles
y el flujo invisible se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero la fuerza: oh, fuerza

y si el salto fuera:
el niño cruza la ruta leyendo
y el auto se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero los frenos: oh, frenos

y si el salto fuera:
un impulso directo sin medida ascender a la rama del árbol
y la rama se quiebra, se lleva mi cuerpo
se lo quiere llevar
pero el perfume: oh, perfume

¿qué salto es el salto del niño
surco tras surco
pierna tras pierna
sobre los repollos?

(vendrás como una loba
vendrás como una cabra
vendrás quizás de singular serpiente
serás ese animal sin nombre
que espero en estas muertes que me abandonaron cuando niño
ese animal donde de tornasol
se monta
para caer en redes
que morirán su alma)

el salto carretel
su cuerpo, el roce,
los sonidos
y el hilo se desprende
perfora lo que haya
el aire, no sé

la escasa longitud
que de viaje
el carretel me ha dado
unos ojos grandes

inmersiones

encontrar la lengua
traspasar los dientes con la punta de una ola
dónde encontrar ese bote
que no se hunda y sin embargo caiga columpio
sobre el fondo barroso del amor
me traes un obsequio envuelto en celofán
me traes un estúpido barco que sabe hundirse, eso dices,
y volver a bogar
con su acuosa resonancia me hastía
subo en él y me sumerjo una y otra vez
encontrar la lengua

viernes, 30 de octubre de 2009

imaginaria de algunos mundos posibles

NO HAY SEDUCCIÓN en el deslizarse de las proas siempre recargadas de aerodinamia, añoro, sí, las popas rezagadas donde el mar parece quedarse a vivir un romance y sin embargo subo y bajo escaleras de todo tipo sabiendo que cualquier intento de fuga será inútil

DEBAJO DE LA SUPERFICIE limpia limpia, mis pies como cubiertos de una liviana gelatina. Con el índice trazo signos que duran para siempre y desaparecen ante mis ojos. No he vuelto a ver una eternidad tan repleta como esa

SALTAN A CADA PASO y solicitan un lugar. Hay como ratones traslúcidos que hacen piruetas sobre los insignificantes frutos. Todo es parte del agua

LLUEVE y desde el lecho marino los peces soplan con todas sus fuerzas: las olas se forman y arremeten, la embarcación llena de remiendos se hamaca, cruje, suspira, gime: la isla se recorta en un más allá de niebla.

ARDE EL PASTIZAL, loas de la hierba seca ante el milagro del fuego. Un árbol de otoño cabecea en la loma, le parece estar ante un sueño, cierra los ojos con fuerza y los vuelve a abrir como quien intenta salir de la poblada ciudad del sueño. El árbol de otoño no tiene frutos, apenas un clamor

EL CUCHILLO DEL VIENTO descabeza los animales del campo y se queda clavado en el grueso tronco del árbol sin frutos. No hay diferencia con otros rituales de la sangre, sólo que esta vez el árbol parece decidido a dejarse vencer

UN MAL PASO y se desploma sobre las chapas de zinc. El estruendo rompe las membranas del aire y se da de cabeza en los canteros del jardín, sangra. Con dificultad se yergue nuevamente sobre sus patas e intenta continuar su travesía en el alto

EL PATIO DE LA FÁBRICA es una planicie donde la cáscara de arroz fulgura. Acuden pájaros de países lejanos, en cada brillo de plumas, el llamado misterioso del instinto

cuatro miniaturas entrelazadas

El amante hablará de la señora que le enseñó el amor, la de los amantes de barro, sí, tal vez pueda contarlo.

El reverendo hará una película donde el cordero en realidad se despierta en su propio sueño. Hace un rato estaba en el rebaño, pero ahora está en el futuro, ¿será acaso el reverendo el pastor de este cordero descarriado?

La Reina de Corazones enciende un fuego para comérselo, ¡qué de niñas disfrazadas trepan para el viaje, con el calor de sus pequeños sexos apoyados en el lomo!

Querrá aparearse con estos seres, hijas del reverendo y de algún pájaro hembra; tendrá que seguir una pista: dar doce pasos hacia la Cruz del Sur, preguntar la hora, buscar un tesoro.

sábado, 24 de octubre de 2009

fundadores del festival de rosario (1993)



En la mesa de lectura de izquierda a derecha, Jorge Montesino, Fernando Belottini, Patricio Raffo, Rubén Vedovaldi, Reinaldo Sietecase y Sebastián Riestra.