domingo, 19 de mayo de 2013

ahora quiero que cierres los ojos


ahora quiero que cierres los ojos, que el silencio del campo y la noche, vengan a tu piel y la recorran, y que te acuerdes de la manta roja; acuérdate de las frutas, había un tórrido sol lleno de polvo, y la mordida común en la pulpa, esponjas colgadas de su ramas, después de una lluvia placentera, que es una y nuestra esa resina dulce, debieras recordarlo; acuérdate del viaje, el trasiego, el ómnibus, la mirada, sumergida en los sueños, el animal del aire y el animal de la noche, buscándose a tientas en el agua tibia; y acuérdate del hotel en penumbras, de las paredes rojas, de las calles ambarinas, enfermizas, y la búsqueda afanosa en el miedo; acuérdate de la llave hurtada y de los pasos en la montaña, el aleteo y las patas que acechan, sigilosa boca abierta, los pasos que van de a uno y lentos, como caen los árboles; acuérdate, alguna vez los vimos; acuérdate del tajamar y el casco de la estancia, el ykuá en el bajo de la selva y acuérdate que hay una canción, y otra, y aún otra, que nos envuelve como en el centro del huracán que se eleva y desarma; pero ¿por qué no acordarse también del primer abrazo y del último?; ahora quiero que abras los ojos, que me veas profundo, en el fondo del iris, que veas cómo tu cuerpo se cae adentro mío, y que me beses así, de ojos abiertos, con campanas flotando en sus vidrios rompiendo, que comienza violento en el golpe, del badajo azotando, las paredes metálicas, sueltas, que ilumina la tarde y presenta, una lluvia cerrada de flechas, volando curvilíneas, con un silbido opaco, que canta; y quiero que me beses, los ojos bien abiertos, mirarte, al fondo de los ojos y verme, cayendo dentro tuyo en la tarde, con flechas y animales y música y arrullos que en el aire descansan

sábado, 16 de julio de 2011

la superficie rota

es inadecuado
la muerte propia no tiene descripción
la gente que lee sobre la muerte
quiere aprehender en imágenes lo que nadie puede ver hasta que llega
quiere tener en sus manos bien agarrado al muñeco que ya no existe, el muerto o el que está en ese proceso en este mismo momento, alguien que le cuente exactamente de qué se trata
quiere saber que el pecho se le resquebraja
la gente que quiere leer sobre la muerte
imagina que cientos de animales golpean con sus cabezas y atormentan con sus hocicos la cáscara dura del pecho, buscan una salida, que una bandada incrusta sus picos entre las costillas y desprenden el esternón. que un reptil se arrastra a ambos lados de la columna y al fin aprieta entre sus dientes la nuca, la base delcráneo
deslizar subcutáneo
todo bajo la piel
la gente que intenta leer sobre la muerte
la muerte ocurre bajo la piel. dentro del cuerpo. la muerte ocurre dentro del cuerpo. de adentro hacia afuera. La muerte tiene una dirección. te persigue siempre en un mismo sentido. lacera. humecta. roe. escama. paraliza. pica. Rasga
la muerte propia no difiere cuando ajena
toma entre sus dedos cada hueso
y lo parte una y otra vez. se introduce en cada arteria y con su filosa aleta dorsal corta abre un solo surco. produce temblores, sacudones, choca contra los órganos blandos, los ulcera, los bebe, los macera, los seca, los desgrana… la muerte paraliza y se nutre de esa quietud y se abre paso y es un nadador subacuático sediento de aire y se abre paso y busca la luz que lo enceguezca para romper la superficie

miércoles, 13 de julio de 2011

la cruz y el cordero en el mapa

que comienza a enharinar la masa de luz que ha fabricado, y la dejará leudando al calor de la media mañana; que ya amasó, suficientemente, la luz de la que se fue haciendo a sí mismo, como un dios que estuviera de balde todo ese tiempo sin más tarea que solazarse frente al espejo;

que los pájaros, que se refugian de la inclemencia luminosa, escondiéndose, bajo las ramas más pobladas de hojas, lo anuncien, como siempre, con ese plato enlozado, ordinario, de una vez por todas, que es el gorjeo matinal de los gorriones, cayendo sobre los techos sin ningún orden;

que se dibuja, tal como sucede en esos viejos mapas que servían para buscar tesoros que nadie jamás encontraba; una Cruz, un símbolo duradero, más duradero aún cuando sobre ella aparece —como recién hecho— un cordero, teñido de sangre;

que podría decirse que se trata de un cordero encarnado, eso que vemos,

y aún así no sería exacto, digamos entonces, y al fin, que se trata de un cordero, simplemente rojo-bermellón-colorado, algo así, de fábula;

que esa Cruz indica el punto de partida, porque el viaje que nos llevará, y este es el momento, y no das flores;

que de la sustancia de la luz de la mañana se fue hinchando su propia panza traslúcida hasta hacerse barriga abominable

ya sabes

las cosas que son, tienen siempre un inicio: dan flores;

un nacimiento, un punto de partida, un corporizarse, una clave de sol, una cierta magia, una costura, un añarakó[1]; sí, un canal

las cosas que son, tienen siempre un inicio: dan flores;

son engendradas, quitadas de una galera, caídas de la manga,

son

un deslizarse desde un adentro a otro adentro, y así, sucesivamente, hasta el mar último último primero[2];

no sé en qué adentro estamos ahora,

pero los puntos cardinales aquí son sólo tres, el Sur y el Norte. Se divisan además un Atrás y un Adelante, ¿adónde iré?

¿adónde ir con tanta luz; sin flores?;

no estás sentado en el mangal y no das flores

no marca el reloj las cinco y treinta de la mañana y no das flores

ya todo hace más de una hora y no das flores


[1] Añarako (Añarakó): Literalmente “la concha del diablo” o, si atendemos a la locución: “la concha de la diabla”.

[2] Último último primero: Referencia que remite a la religiosidad mbyá guaraní y sobre todo a la traducción al español hecha por León Cadogan, antropólogo paraguayo.

viernes, 2 de julio de 2010

la superficie rota

es inadecuado. la muerte propia no tiene descripción pero cualquiera sea el imperativo que te obligue, debes dejar sentado algunas sensaciones. la gente que lee sobre la muerte quiere eso: ver en imágenes lo que nadie puede ver hasta que llega, quiere tener en sus manos bien agarrado al macaco que ya no existe, que murió o está en ese proceso en este mismo momento y que le cuenta exactamente de qué se trata, quiere saber que el pecho se le resquebraja, la gente que quiere leer sobre la muerte es así, porque cientos de animales golpean con sus cabezas, atormentan con sus hocicos la cáscara dura del pecho buscando una salida, porque una bandada incrusta sus picos entre las costillas y desprenden el esternón. porque un reptil se arrastra ubicando sus patas a ambos lados de la columna partiendo desde la cintura hasta poder apretar entre sus dientes la nuca, deslizar subcutáneo, todo bajo la piel. la muerte ocurre bajo la piel. todo dentro del cuerpo. la muerte ocurre dentro del cuerpo. la muerte ocurre desde dentro hacia afuera. tiene una dirección. la muerte te persigue siempre en un mismo sentido. lacera. humecta. roe. escama. paraliza. pica. rasga. la muerte propia no difiere cuando ajena. toma entre sus dedos cada hueso y lo parte una y otra vez. se introduce en cada arteria y como si tuviera una filosa aleta dorsal corta longitudinal, abre un solo surco. produce temblores, sacudones, choca contra los órganos blandos, los ulcera, los bebe, los seca. la muerte paraliza y se nutre de esa parálisis. se abre paso. es un nadador subacuático sediento de aire, se abre paso a través de las corrientes busca la luz que lo enceguezca para romper la superficie y tomarlo todo para sí

sábado, 19 de junio de 2010

la muerte propia

a las 10:38, unos 15 minutos después de haber muerto, ella aún sentía como fluía la sangre en muchos de los rincones de su cuerpo. no sabía muy bien que estaba pasando, qué está pasando en este momento en el que las células comienzan a a apagarse. pero la parte fisiológica no le parecía algo demasiado importante. ella esperaba por lo otro. quería saber qué cosas vendrían luego. hacia dónde derivaría el hecho de su propia muerte. ella es alicia y sabe perfectamente que ha muerto y espera los sucesos, está ansiosa por esa cosa que ella imagina como un desencadenamiento, un arrebato incontenible, una especie de avalancha, de piedra suelta en la ladera. alicia imagina que no debe de haber espectáculo más impresionante. esa ansiedad no es de ahora, la persiguió toda la vida. en el pasado, incluso cuando era una mujer joven, muy joven, imaginaba que los acontecimientos de la muerte abrirían un espacio en el cual las letras de una frase y otra frase y otra frase caerían formando nuevas palabras y nuevas frases en cada uno de los rebotes de esa caída. alicia no tuvo marido pero tenía un amigo que se escandalizaba al enterarse de esos pensamientos, le decía, a quién se le ocurre estar especulando acerca de la propia muerte. frases nuevas con las mismas letras de siempre, con la sonoridad de los mismísimos fonemas, ¿qué clase de muerte es esa? --en ese momento no necesitaré a nadie a mi lado --solía decir alicia, y completaba rematando con: --de eso estoy segura. a las 10:41, alicia pudo observar con toda claridad un animal que volaba no muy lejos de ella aunque lo sabía lejano y también sabía que nunca llegaría a posarse en el dorso de su mano, luego observó detenidamente las hojas en tumulto de dos arbustos que crecían a ambos lados de su cuerpo. clases de vuelo darle al vivo y al muerto en su lomo con golpes de lluvia que adormecen casi todo el terreno le dejan pintas rojas lo vuelven vaporoso se extrañan los graznidos no vuelvas no vuelvas. a las 10:57 el mundo ya no es mundo. hay dos caballos quietos en el silencio de una tarde invernal y sin mediar sonido se agitan y corren uno hacia el horizonte otro hacia ella y sube sobre sus hombros y la desprende del suelo y la agita en el aire como una fiera que la tuviera entre sus fauces y la golpea en los látigos del aire.

jueves, 17 de junio de 2010

una trampa es una trampa

no hay manera de que las palomas escapen de esta trampa. se trata de un aparato de alambre, fabricado por las manos de mi abuelo, que se levanta del piso en forma convexa y es implacable con ellas. la malla o el tejido "o como mierda se llame" es de dibujo exagonal, pequeño, cerrado quizá sea el adjetivo que mejor describe la densidad del dibujo. las aberturas por las cuales ingenuamente las palomas ingresan a la trampa son redondas. la trampa tiene tres o cuatro de estas entradas en lo que podría decirse son sus costados. el secreto para que los pobres bichos no puedan salir, una vez que han entrado graciosamente a la jaula, está en una especie de mangas de alambre que desde los círculos de cada una de las aberturas de entrada se extienden hacia el interior, afinándose, haciéndose más y más estrechas a medida que avanzan hacia el centro del tramposo espacio. pero los bichos son bichos, no calculan, su instinto no está preparado para razonar las posibilidades que le esperan una vez dentro de ese círculo (no lo dije la jaula es circular) donde abundan los granos de maíz que las atraen. el hombre que ha puesto allí el aparejo sí ha razonado, calculado las posibilidades, previsto las formas. primero hizo un dibujo sobre un papel amarronado en el que había traído del mercado, envueltos, unos bollos rellenos de dulce de leche. luego buscó los materiales, los dispuso cerca del lugar de trabajo elegido y con una pinza común y una tenaza no muy grande inició la tarea. construyó un aro de alambre grueso, bastante pesado y rígido, la base de la jaula. después unió los trozos de tejido alambrado de dibujo exagonal formando una especie de iglú pero de alambre. Construyó aros más pequeños, para montar las entradas, también con alambre grueso y rígido les fabricó las mangas dejando asomar una sonrisa mientras las hacía finitas en la parte interior. Cuidó bien de hacerle unos flecos de alambre pinchudo por si los bichos intentaban acertar el pequeño agujero para salirse, aunque esa acción resultara improbable. pensó: debo cuidar todos los detalles. pensó: un buen guiso de palomas resulta sabroso. pensó: los tomates están madurando, las zanahorias ya deben estar en tamaño justo, los morrones se están poniendo bien rojos... pensó: un buen guiso de palomas es muy sabroso. midió los círculos de las aberturas y cortó el alambre de la estructura principal para montarlas. anudó cada hilo con cuidado y cuando estuvo lista la dejó en un rincón del galpón hasta el día siguiente. una trampa inútil en la noche: inútil e inservible. ahora ya no es la noche y la trampa está en su lugar, junto a los galpones de la arrocera. el hombre, mi abuelo, ha puesto suficiente maíz en el interior de la jaula como para alimentar a una gran bandada de palomas. los granos naranjas con sus destellos parecen ser parte de un coro de arrogantes adolescentes. las palomas entran y el mecanismo comienza a funcionar. al terminar sus horas de trabajo matutino, el hombre va hasta la pileta, con la camisa arremangada hunde los brazos en el agua que usa para lavar las verduras, se higieniza, luego busca una bolsa de tejido rústico y camina con tranquilidad hasta la trampa. abre la puerta rectangular que está ubicada en la parte superior, mete la mano y va atrapando, entre el aleteo y las plumas a cada uno de los bichos. los coloca en la bolsa que mantiene cerrada con la otra mano. terminada la tarea y con la bolsa llena va hacia el galpón, ata la boca de la bolsa con un hilo y se marcha hacia la casa. la muerte vendrá después, más tarde, a quedarse en el cuerpo de cada pájaro. una trampa es una trampa.

miércoles, 24 de febrero de 2010

ÉPICA DEL INFIERNO Y LOS ROEDORES - tercera parte

27

opacidad volúmenes y cuerpos — sin definición — no es posible una descripción detallada más allá del ahogado gruñido —la velada imagen de un mundo cuya fuerza es la desesperación del presentimiento — no hay lo abandonado — no hay lo perseguido — tránsito absoluto inevitable como las plumas que le crecen en el cuerpo a las aves o la inmodulada voz de un grito animal — una guía en medio de aquella manada



28

manada y jauría tendrán que encontrarse en el ida y vuelta de la superficie al centro, del centro a la superficie — estampidas en ambas direcciones — el miedo que ocupa todos los cajones y se desbarranca — el miedo que los ata y empuja — nadie muere pero no se puede afirmar que alguien esté vivo en estas profundidades


29

un vaho, un hálito cristaliza las paredes de barro — espejos de una realidad que no puede verse — el reflejo que está en el más allá permite ahora percibir el modo galopar del devenir — toboganes de cristal untados de una materia oleosa —


30

asomar la cabeza en la superficie, en la boca barrosa del otro mundo, posee un color inexpugnable — todo lo que había sido erigido reposa en los subsuelos — no se ha derrumbado — la ciénaga abrió su bocaza — de la dañina luz enturbiadora brotó el hálito de cristal y fundó un gran espejo negro — deambulan ciegos los antiguos custodios — sus fauces ahora sin dientes — ya no los necesitan — ningún alimento


31

ni aguas ni espacio aéreo — no más la superficie — no más la profundidad — no más el alto cielo — el temor y sólo el temor vive en el temor que se ha hecho temor y más temor, cada vez más temor — sin exclamaciones — la simple mudez de todas las cosas vivas e inertes — recluidos para siempre los sonidos que impregnaban la opacidad en cada pared y los liberaban luego en las profundísimas madrugadas para asombro de guardianes y desprevenidos — recluidos para siempre —


32

se podría decir que sólo abajo — más abajo — muy abajo hay algún indicio — aunque no hay jadeos ni resplandores — sólo espejos negros de una materia confusa y dura — empellones — extremidades callosas que se hunden en la propia carne y manchan — viscosidades — y el sordo temblor de los canales oscuros — estallido


33

roedores con escamas quiebran — no podría definirse especie alguna en el agresivo fulgor de sus presencias — maravilla de las profundidades — del centro del centro — hechos y contrahechos en un mismo cuerpo — uno y miles en la oscuridad y sin embargo la furia de sus dientes claramente dibujada en fuegos de colores sobre los retazos afilados de los quebrados espejos — la irrupción — el quebraderal — cristales y fuego y escamas y barro y sangre y reflejos y el animal uno y vario que se abalanza — los buscadores se funden en una sola masa con las paredes de los túneles — parece entablarse la vieja lucha entre quietud y movimiento


34

forman capas sobre el barro — las fauces despedazan — no puede saberse si es una o multitud — al menos no así tejidos de manera tan convencional — hay dos formas inevitables de dibujar las puertas : escape y fuga — las crestas erizadas — un vaso de agua en este mismo momento puede ser un tobogán al cielo o al infierno — la música de un casco de naranja inútiles mapas para el monte cerrado : de una linterna, imprecisa luz — encontrarla — ay, encontrarla — radiante, allende los troncos y espinas — la fruta en el momento de ser calada por un cuchillo cuyo filo oxidado constituye una parodia sin escenario posible — y arrancan la piel y la ponen en las tapas del libro de la vida — la forma o el puro olfato — la vieja historia de acoplar instintos — y se los traga la oscuridad — y reposa sobre las sábanas una vibración


35

una composición musical que en sí esconde de los extremos — la flor que cae y la que se abre — un cielo que no se puede sacudir del sólo estar en silencio — y sin embargo a punto de saltar sobre sus víctimas — la calle ha sido trazada bajo la sombra de una versión anterior — escalera que no posee puntos de apoyo — hierbas en el mortero — la savia que surge en el vientre de madera — la sangre que se queda en el cuerpo — nada puede decirse sobre un mundo que no les pertenece


36

la máquina no es infalible — su torpeza es de un color agrio — pestilencia tiene el instante — su esencia está en las dentelladas — las fauces se cruzan unas sobre otras en una sola nota, altísima, chirriante, en el grito de quienes salen del barro y al barro vuelven — los roedores regresan — los ciegos con sus escamas — y su escarbar hacia el centro cesa — la ausencia todo lo cubre — el silencio le tapa cada uno de los sentidos — diente con diente — garra con garra — las esporas sí, la expansión


37

y en el hueco donde se seca la sangre, el derrumbe de lo excavado — y en la superficie no más que una gelatina sin límite — la que se agita leve aún es atraída por otro astro de mayor poder —