lunes, 22 de diciembre de 2008

marosa di giorgio : historia y calco

Marosa entrando al cuerpo principal del aeropuerto Silvio Pettirossi de Asunción, desorientada, buscando un rostro conocido que aún no conoce. La fotógrafa rubia que pierde para siempre las fotos de la Reina en anaqueles que aún hoy lloran. Marosa abrazando como puede con sus alas de torpe aire anaranjado. Marosa subiendo al vehículo con dificultad de niña y llena de curiosidades y sorpresas que le nacen a los costados y posa como una matrona pequeña que se ha quedado sin pupilas. Marosa desnudándose desde los pies con claveles, llena de zorros y lobos y hongos y suéters que la maniatan y la liberan cada tanto. Marosa escurridizo pez que se aquieta en las aguas sucias del puerto de Asunción.

de REINA AMELIA (fragmento al azar)

En esos días comenzó el rumor sobre Desirée. Ésta casi deja la escuela.
La observaban; el rumor fue casi enseguida muy grande. Ella procedía de un hogar sombrío. Casi de inmediato, Desirée hizo su deserción de la escuela. Se puso un batón bermejo, que fue a transformarse en Batón Bermejo. Y estas dos palabras daban rubor a Yla. Algunos hasta creían eran los nombres de Desirée. Esas dos palabras aparecían grabadas en las paredes como si fuesen palabras feas.
El alcalde la protegió. —Es una pequeña señora, y como tal, sagrada —dijo.
Resulta azorante cómo nace un rumor. Una serpiente da a luz mucho y muy raro. Crecía, crece eso nuevo; como el humo, como clara batida, caía de súbito en todas las tazas, y de allí mismo seguía creciendo, saltando. Saltaban balines hasta de los altares, iban a los límites del cielo.
Lavinia, entretanto, prosiguió frecuentando los bosques. Su interior estaba conmovido. Los resultados eran cada vez más inquietantes. Y más amplios. Sobre todo eran develadores. Veía cosas nunca vistas. Llegó a parir pequeños huevos vírgenes, muy bellos, de diversos colores. Sabía que en el pueblo ya habían ocurrido cosas así. Los ocultó en una caja abierta y los puso bajo su cama; se desvanecieron o se los robaron; sin que se repitiese el caso. En esos días ella tuvo amor, una enorme voluntad de empollar.

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Me pareció interesante subir este texto de LAS IMPÚDICAS EN EL PARAÍSO de Lola Arias (1976), cualquier semejanza con Marosa, obviamente, no es pura coincidencia. Los procedimientos son calcados, el resultado, diverso.

-VII: VÉNDAME LA BOCA

Mi madre muda viró sus ojuelos hacia el mar. El fuego debatíase en sus últimas toses. Un hueco de toscos remolinos dejó salir una voz demente y filosa.
—Las alas son para los muertos. —El amante Pez contestó desde el fondo de sí.
Lisas mis orejas se cayeron de euforia. ¡Qué endiabladas amígdalas, qué garganta tan afinada y venenosa!
—Mis aletas tiemblan por los besos de la loba escuálida, la deliciosa de los dientes rasgados, la amorosa…
Mi madre sonámbula se dirigía hacia el monstruo partido, pecho de hombre, cola de pez.
—¡Ven, véndame la boca, déjame dormir en tus huesitos de cierva, de loca!
El amante degollaba vocales al hablar. Mis patitas se frenaban para no partir; desesperada até mi flequillo a las rocas.
—Dame la miseria deseada, la impudicia de la niñez, dame saliva, lagañas, gotas…
Mi madre fue tomada por El Pez delante de mí. Pude ver los detalles del roce y sus destellos. Él la devoraba sin muelas, ella esperaba al vampiro y nada. Sólo un agónico enlazarse y desenlazarse desnudos, rabiosos se frotaban resbalando uno contra otro. El franel iba desgajando a los amantes que morían de furia. Me dormí, cuando desperté amanecía y los acariciantes se miraban humillados.

2 comentarios:

Alicia dijo...

Hola jorge, encantada de conocer tu blog, mi nombre es Alicia. Entré a él de casualidad por Marosa que es mi poeta de excelencia, me afilié a las alertas google y me condujo hasta aquí con la palabra "Marosa"... hermoso... historia y calco... hermoso. Soy uruguaya y escribo poesía, claro está no a la altura de Marosa ajaja, pero así estoy en el mundo... escribir es algo que aunque quiera renunciar... siempre vuelve. Bueno entre mis amigos de la literatura, dos de ellos fueron amigos de Marosa... y uno ha dado una charla sobre ella magnífica. Ah qué torpe, olvidé decirte, soy de Uruguay-Montevideo, del país de Marosa. Acá aún están los bares que ella solía frecuentar en una soledad inmensa y habitan huevos en algunos rincones.... solo hay que saber encontrarlos. Jorge, no he leído de ti.... buscaré tus textos. Tengo un blog te lo dejo. www.elversoinvisible.blogspot.com
Gracias por "historia y calco". Saludos!!!!

Maggie Torres dijo...

la hija del diablo se casa

mi favorito
lo leimos con susy d.

esta marosa leía que daba gusto
por qué se murió?